...entonces ella tomó asiento y le vio. Estuvo observándole durante unos minutos: tenía el pelo hábilmente despeinado y sostenía entre las manos un libro aparentemente interesante, pues no despegaba la atención del mismdo. Pronto sus miradas se cruzaron y rápidamente él volvió a su lectura, pero este chico tenía algo que le impedía, a ella, apartar su ojos de él.
- ¿Nos conocemos? - preguntó al fin él, que ya empezaba a incomodarle esa mirada penetrante
- No, pero deberíamos... - contestó ella con una sonrisa pícara que delataba sus intenciones
lunes, 23 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
¡Soy la reina del mundo!
viernes, 13 de noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
Solo es un infierno sostenido...
Éramos distintos imposibles,
de un futuro menos claro,
entender bien lo que dices
me hace sentirme tan raro,
empieza todo a hacerse triste,
a quedar del otro lado,
tú tambien lo prometiste,
fuimos dos equivocados,
equivocados…
Y ahora este sitio está lleno
de noches sin arte,
el cielo ha caído,
se muere, se parte,
sólo es un infierno sostenido,
sólo es un esfuerzo relativo.
Yo no pido casi nada,
que se pierdan mis sentidos,
que se nuble tu mirada.
Pero el miedo nos consigue,
se hace grande en estas manos,
mal recuerdo nos persigue,
fuimos dos equivocados,
equivocados…
Me voy, me voy, porque este sitio está lleno
de noches sin arte,
de abrazos vacíos,
de mundos aparte,
de hielo en los ojos,
de miedo a encontrarse,
de huecos, de rotos,
de ganas de odiarse.
Y ya lo llevo sintiendo,
me quedo sin aire,
la estrella ha caído,
se muere, se parte,
sólo es un infierno sostenido,
por el miedo a equivocarnos.
Porque este sitio está lleno
de noches sin arte,
de abrazos vacíos,
de hielo en los ojos,
de mundos aparte,
de cielos caídos,
y ya lo llevo sintiendo,
me quedo sin aire,
sólo es un infierno sostenido,
por el miedo a equivocarnos.
No quiero escucharte, no insistas,
prefiero esta vez encontrarte
inundando mis ojos,
esperando a que pase,
a que caigamos otra vez
y sólo digo que…
nunca quise hacerte daño
pero todo se nos fue
y aunque ahora somos como extraños,
yo jamás te olvidaré.
De noches sin arte,
de abrazos vacíos
de mundos aparte,
de hielo en los ojos,
de miedo a encontrarse,
de huecos, de rotos,
de ganas de odiarse,
sólo digo que nunca quise hacerte daño,
sólo es un infierno sostenido
por el miedo a equivocarnos,
por el miedo a equivocarnos.
de un futuro menos claro,
entender bien lo que dices
me hace sentirme tan raro,
empieza todo a hacerse triste,
a quedar del otro lado,
tú tambien lo prometiste,
fuimos dos equivocados,
equivocados…
Y ahora este sitio está lleno
de noches sin arte,
de abrazos vacíos,
de mundos aparte,
de hielo en los ojos,
de miedo a encontrarse,
de huecos, de rotos,
de ganas de odiarse.
Y ya lo llevo sintiendo,
me quedo sin aire,Y ya lo llevo sintiendo,
el cielo ha caído,
se muere, se parte,
sólo es un infierno sostenido,
sólo es un esfuerzo relativo.
Yo no pido casi nada,
que se pierdan mis sentidos,
que se nuble tu mirada.
Pero el miedo nos consigue,
se hace grande en estas manos,
mal recuerdo nos persigue,
fuimos dos equivocados,
equivocados…
Me voy, me voy, porque este sitio está lleno
de noches sin arte,
de abrazos vacíos,
de mundos aparte,
de hielo en los ojos,
de miedo a encontrarse,
de huecos, de rotos,
de ganas de odiarse.
Y ya lo llevo sintiendo,
me quedo sin aire,
la estrella ha caído,
se muere, se parte,
sólo es un infierno sostenido,
por el miedo a equivocarnos.
Porque este sitio está lleno
de noches sin arte,
de abrazos vacíos,
de hielo en los ojos,
de mundos aparte,
de cielos caídos,
y ya lo llevo sintiendo,
me quedo sin aire,
sólo es un infierno sostenido,
por el miedo a equivocarnos.
No quiero escucharte, no insistas,
prefiero esta vez encontrarte
inundando mis ojos,
esperando a que pase,
a que caigamos otra vez
y sólo digo que…
nunca quise hacerte daño
pero todo se nos fue
y aunque ahora somos como extraños,
yo jamás te olvidaré.
De noches sin arte,
de abrazos vacíos
de mundos aparte,
de hielo en los ojos,
de miedo a encontrarse,
de huecos, de rotos,
de ganas de odiarse,
sólo digo que nunca quise hacerte daño,
sólo es un infierno sostenido
por el miedo a equivocarnos,
por el miedo a equivocarnos.
Yo sólo digo que…
nunca quise hacerte daño,
que sólo es un infierno sostenido
por el miedo a equivocarnos.
nunca quise hacerte daño,
que sólo es un infierno sostenido
por el miedo a equivocarnos.
Cada día me pregunto qué hice tan mal...
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Caminando...
He estado desaparecida estos días, no tengo tiempo material. Sí, ha de notarse que formo parte de esa sociedad occidental de la que hablaba aquel tuareg de mi última entrada, en la que tenemos reloj pero carecemos de tiempo. De un sitio a otro sin parar, con prisas porque llego tarde, con cientos de cosas por hacer. Pero bueno, estoy ilusionada con un nuevo proyecto en mi vida: terminar la carrera en otra ciudad, no muy lejos, pero en otro ambiente.

Todo se verá... Mientras tanto aquí sigo, caminando en ocasiones, corriendo en otras, pero siempre buscando un punto donde saltar y preparada para volar muy alto.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Tenemos reloj, pero no tenemos tiempo...
Hoy me han mandado un mail que me ha conmovido, me ha hecho reflexionar y sí, realmente no tenemos nada aunque tengamos de todo... Aquí os la dejo, creo que merece la pena invertir parte de vuestro tiempo en leerla y saborearla.

Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID:
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté.... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos.... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros.. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté.... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos.... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros.. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

...Hoy han despedido a mi madre, ¿pero y qué? Ya se anunciaba el recorte de empresa hasta en los periódicos pero nunca piensas que te va a tocar a ti. De todos modos, se lo ha tomado bien, como unas vacaciones. Ya le toca dedicarse un tiempo para ella, no para el trabajo. Eso no es vida, ¡ahora toca vivir libre, como un tuareg mamá! :)
sábado, 10 de octubre de 2009
Inventando el tiempo
Quiero escapar a un pueblecito perdido en medio de la nada con pocos habitantes, montaña, playa, silencio, frescor... un lugar donde (re)inventar el tiempo y empezar de cero. Olvidar(me) de todo y de todos para dedicarme solo a mí.
...Estoy en ello, solo me queda encontrar el sitio perfecto *
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