Suena el móvil a altas horas de la madrugada, abre un ojo y lee: "...quitarte la ropa a bocados para morderte, comerte enterito y hacértelo hasta dejarte escuálido. Me apeteces".
Todavía me pregunto cómo tuve el valor de ser tan sumamente sincera ;)

Anoche estuve viendo en la televisión un reportaje sobre españoles que vivían desde hace años en África. Algunos poblados viven en cabañas de fango y paja, no tienen electricidad ni agua corriente, no manejan billetes, no tienen televisión ni ordenador ni teléfono, no tienen nevera; pero sí tienen asumido el concepto de compartir, sí regalan sonrisas, sí tienen don de gentes, sí tienen relaciones sociales. No tienen nada, pero lo tienen todo... Carecen de aquello que a nosotros nos parece de primera necesidad, pero son iguales (o más) felices que nosotros.
No soy religiosa y no creo que en el camino vaya a encontrar algo espiritual ni nada de eso, pero me muero de ganas por hacer el camino de Santiago. Es de esas cosas que tengo que hacer sí o sí en la vida -como me pasaba con el puenting hasta que lo hice- ¡y por fin alguien se ha animado a ir conmigo, mi prima!