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martes, 1 de noviembre de 2011

...tesoro familiar *

Esta semana me enteré que mi abuelo escribió sus memorias de la guerra civil cuando aún estaba vivo. Hoy me las he empapado... Ha sido muy emocionante entrar a hurtadillas en su pasado, poder revivir todo lo que padeció, empatizar con aquel joven que solo quería salir del pueblo y, sin comerlo ni beberlo, entró en una guerra. Tantas cosas, tantos recuerdos, tantas emociones.

Me considero toda una afortunada. Sé que esto es un tesoro familiar y, como tal, pienso guardarlo como oro en paño. 



...Iaio, no te olvidamos. Gracias por este regalo *

domingo, 13 de febrero de 2011

...el superpoder de soplar *

[...] Recuerdo que la madre de Antonio, un pelón muy divertido que siempre nos hacía reir, me explicaba que teníamos que soplar y pedir un deseo. Nos decia que la gente solo sopla para pedir un deseo el día del cumpleaños, porque se piensan que los cumpleaños tienen poder, pero lo que no saben es que el poder está en el soplo. Me encantaba la madre de Antonio, siempre nos explicaba cosas fabulosas, llenas de ejemplos. Nos explicaba, entre otras muchas cosas, el poder de soplar. Nos hablaba de las madres que soplan las heridas de los hijos cuando caen de la bicicleta, de rasguños que se curaban soplándoles encima i con un poco de agua oxigenada. El superpoder de soplar. [...]"



Hoy he acabado de leerme "El mundo amarillo" de Albert Espinosa y os lo recomiendo encarecidamente...

Ideas tan brillantes como hacer un historial vital con esos pequeños detalles que te hacen sonreir cada día, pero no a modo de diario sino a modo de historial médico (con pruebas físicas); o el mágico poder de soplar y pedir un deseo (no solo en los cumpleaños) son cosas que espero poner pronto en práctica. Y sobretodo, descubrir quiénes son los amarillos y sonreir al reconocer cuatro de ellos que han cambiado mi vida en cierto modo en algún momento determinado.



Son 23... y aparecen cuando los necesitas...
¿tú ya los tienes?*

miércoles, 10 de marzo de 2010

Días de menta y canela

"[...] Héctor no esperó a que arrancara el conductor para rodearme los hombros con su brazo y atraerme hacia sí. Acabé soldada a su carne forrada de cuero. Recosté la cabeza contra su pecho, que se elevaba y descendía al ritmo impaciente de su respiración.


- No sabes las ganas que tengo de meterme en la cama contigo- me susurró al oído.

-¿Y qué harás en la cama? ¿Dormir y callar, como el ratoncito que quería casarse con la Ratita Presumida?

- ¡Yo seré el Lobo Feroz de Caperucita y te comeré de arriba a abajo!


Como si pretendiera ensayar su papel, me dio un mordisquito en la oreja que yo no apoyaba contra su chaquetón. Nació un hormigueo que desembocó en un rosario de deliciosas convulsiones.


- Pero antes lameré hasta el recoveco más escondido de tu cuerpo- me susurró al oído-. ¿Y sabes qué haré contigo cuando te tenga indefensa entre mis fauces?

- No. Adelántamelo.

-Para abrir boca te besaré en la frente. Muy suavecito. Como hacía con mis hijos cuando se ponían malos de pequeños y quería comprobar si tenían fiebre.

- Te chamuscarás los labios, porque estoy ardiendo como una tea.

-¡Puedes quemarme vivo si quieres, Clara! Y si me abrasas los labios, te acariciaré los párpados con la lengua. Y te haré cosquillitas en esas pestañas tan largas que tienes. Y luego me convertiré en un ratón para roerte los lóbulos de las orejas. Y te morderé en el cuello hasta que no quede ni un milímetro de piel por comerte.

- No deberías decirme estas cosas en un taxi- le recriminé-. Me estás poniendo como una moto y me da vergüenza dar la nota.


[...]


Él suspiró con ese ímpetu de ventiañero que le asaltaba cuando me manoseaba dentro de un taxi. A lo mejor estaba haciendo realidad una de sus fantasías eróticas más recónditas. Héctor murmuró:

- La banda sonora ideal para decirte lo que haré cuando me haya comido tu cuello. ¿Lo quieres saber?


Sin despegar la cabeza de su pecho, la moví un poquito hacia arriba y hacia abajo. Mi pubis ya palpitaba con alas de mariposa y una dulce humedad me empapaba entre las piernas como si se me hubiera escapado el pis.


- Bajaré un poco más- musití Héctor con voz de diablo tentador- y me zamparé esos pezones sonrosaditos que tienes. Primero el izquierdo, luego el derecho. Tienen un gustillo muy dulce, ¿sabes? Igual que las gominolas de mora...

- ¿Y qué harás cuando me hayas comido los pezones?

- Seguiré mi camino hacia el Polo Sur y te besaré el vientre hasta que la lengua se cuele en el valle de tu ombligo. Allí la dejaré descansar un rato. No mucho, porque enseguida la llevaré a escalar el monte de Venus. Y cuando alcance tu pequeño tesoro, sorberé hasta la última gota de ese juguillo que destila y me sabe a gloria bendita. Todo eso haré si me dejas... y mucho más, porque me has rescatado de la grisura donde llevaba años vegetando."




Días de menta y canela
de Carmen Santos.

martes, 31 de marzo de 2009

Tuareg

"Muchos fueron los que en los años siguientes se lanzaron a la loca aventura de reencontrar sus huellas con la vana esperanza de apoderase de unas riquezas que, según la ley no escrita, pertenecían a quien fuera capaz de arrebatárselas a las arenas, pero las arenas guardaron bien su secreto. La arena era capaz, por sí sola, de ahogar bajo su manto de ciudades, fortalezas, oasis, hombres y camellos, y debió llegar, violenta e inesperada, transportada en brazos de su aliado, el viento, para abatirse sobre los viajeros, atraparlos y convertirlos en una duna más, entre los millones de dunas del erg"

Tuareg de Vázquez Figueroa
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¡Ha caído en mis manos!
Fue su portada, con ese hombre de mirada enigmática...
Fueron sus tapas, carcomidas por el tiempo...
Fue el olor de sus páginas y su tono amarillento...
Fue la recomendación de mi madre...
... fuera lo que fuere, el caso es que fue una buena elección.
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No sé por qué,
acostumbro a coleccionar fragmentos de libros.