miércoles, 21 de octubre de 2009

Tenemos reloj, pero no tenemos tiempo...

Hoy me han mandado un mail que me ha conmovido, me ha hecho reflexionar y sí, realmente no tenemos nada aunque tengamos de todo... Aquí os la dejo, creo que merece la pena invertir parte de vuestro tiempo en leerla y saborearla.



Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID:


No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.

- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté.... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos.... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros.. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

...Hoy han despedido a mi madre, ¿pero y qué? Ya se anunciaba el recorte de empresa hasta en los periódicos pero nunca piensas que te va a tocar a ti. De todos modos, se lo ha tomado bien, como unas vacaciones. Ya le toca dedicarse un tiempo para ella, no para el trabajo. Eso no es vida, ¡ahora toca vivir libre, como un tuareg mamá! :)

sábado, 10 de octubre de 2009

Inventando el tiempo

Quiero escapar a un pueblecito perdido en medio de la nada con pocos habitantes, montaña, playa, silencio, frescor... un lugar donde (re)inventar el tiempo y empezar de cero. Olvidar(me) de todo y de todos para dedicarme solo a mí.

Los buenos momentos hay que inventarlos, porque los malos llegan solos

...Estoy en ello, solo me queda encontrar el sitio perfecto *

lunes, 5 de octubre de 2009

Vivimos en un continuo examen

Todo el mundo ha tenido alguna vez en su vida un examen, es más, todo el mundo ha tenido a lo largo de su vida una retahíla de exámenes. En el colegio, en el instituto, en la universidad... Todo el mundo, pero nadie nunca acaba por acostumbrarse: todos los temen, de una forma u otra. Unos con insomnio los días -o incluso meses- que preceden al susodicho, otros con sudores fríos los minutos antes; unos con tembleques en cualquier parte del cuerpo, otros con ataques involuntarios de habla continuada y frenética; unos con ojeras de tanto repasar los apuntes, otros con agujetas en las manos de la barbacoa que organizó el día de antes (me refiero a las chuletas); en fin, hay mil formas de padecerlos, pero todos los sufrimos aunque nos mentalizamos de que es una simple prueba, un simple examen, uno de tantos.

Sin embargo, poca gente advierte que, si bien no seremos estudiantes eternamente, sí estamos sujetos a exámenes continuados, de los cuales el resultado no responde a una relación directa con el tiempo dedicado al estudio; sino más bien de nuestra capacidad de supervivencia, de salir airosos de un problema común y diario: la vida. Esto sí que es duro, esto sí que da miedo. Te levantas y nunca sabes a qué extraña situación tendrás que hacer frente hoy: quizá te cruces al vecino del quinto y te critique por el volumen de la música del día anterior; o tal vez tengas que pelear en plena calle con un chaval que intenta atracarte; o igual te toca hacer un sprint (digno del primer premio en las Olimpiadas) bajo una lluvia de aguacero porque el autobús acaba de llegar a la parada y tú te encuentras en la otra esquina; es posible que tengas que decidir si ese piso que has visitado hoy es lo que buscas o si este es el trabajo que necesitas; puede ser que te cruces con alguien misterioso que te sonríe amablemente; o quizá hoy alguien te ponen en un compromiso con una pregunta a la que no hallas respuesta; tal vez ha llegado el día de decir adiós a esa persona que tanto quieres, o de intentar solucionar las cosas con ese viejo amigo... Es un examen continuo, con cientos de alternativas, ninguna incorrecta ni tampoco correcta. Pero a pesar de todo, me gusta saber que hoy no será igual que ayer, ni mucho menos que mañana. Hoy es un día diferente y las cosas pueden cambiar, porque quizá mañana tu "examen" te salga perfecto y acabes el día con una sonrisa de oreja a oreja; y aunque no sea así, tienes 365 oportunidades cada año. Merece la pena intentarlo, no te dejes nada en el tintero, no des nada por sentado.

...Yo decido cada día cuál es mi destino,
depende de qué alternativa elija *