Anoche di mil vueltas intentando dormirme, la cama me queda grande sin ti. Solo pensamientos negativos venían a mi cabeza, no sé por qué, me acordé de esas ranas del pasado y de lo mal que me lo hicieron pasar y no podía soportar la idea de que tú... en fin... lágrimas y más lágrimas mientras intento dormirme. Imposible con esos pensamientos. Decido levantarme, lavarme la cara, respirar hondo y pensar cosas bonitas. Me duermo mirando la foto de mi móvil, esperando quizá que nuestra telepatía funcione a distancia y me hagas una llamada. No es así, obviamente. Aún así despierto cada hora, miro el móvil: nada. Y así hasta que -pensé que nunca diría esto- por fin suena el despertador.
Un nuevo día, hoy sí que lo tengo repletito (comida con las compañeras de la facultad, cita con el fotógrafo de la orla, compras, etc.) y no tengo demasiado tiempo para pensar. ¡Ilusa!. Te pienso cada minuto y te echo de menos. Sólo faltan unos días, me repito a mí misma, y eso me reconforta. Pero, de camino a casa, me noto nerviosa... mi respiración va demasiado acelerada... suena estúpido, pero me cuesta respirar... Así que te llamo y me recibes con un hola cariño, ¿qué tal el día? Empezamos a hablar y poco a poco me voy tranquilizando. Tu voz me calma. Vuelvo a sonreir, yo también te quiero :)
